La digestión y la arquitectura del sueño
Durante el descanso nocturno, la frecuencia cardíaca disminuye y la temperatura corporal interna debe descender aproximadamente un grado Celsius para facilitar la entrada en las fases de sueño de ondas lentas y REM. Si nos acostamos tras una cena copiosa rica en grasas fritas o condimentos irritantes, el estómago debe redirigir un gran flujo sanguíneo y elevar la termogénesis, fragmentando el sueño y perjudicando la recuperación.
Cenas con volumen vegetal y proteínas fáciles de digerir
Las opciones más indicadas para la noche combinan proteínas magras de fácil digestión (como pescado blanco al horno, pechuga de pavo a la plancha, huevos cocidos o tortilla francesa) con verduras cocinadas o al vapor (calabacín, cremas de verduras caseras, judías verdes o espinacas), que resultan mucho menos indigestas que ensaladas crudas copiosas para personas con propensión a la distensión abdominal.
El horario de la cena y el ritmo circadiano
Procura dejar un margen de al menos dos horas entre la finalización de la cena y el momento de meterte en la cama. Este intervalo permite que el vaciado gástrico se haya completado en gran medida y favorece la secreción natural de melatonina, la hormona que sincroniza el reloj biológico nocturno.